Y ¿por qué un Lazareto en Mahón? podría ser una buena pregunta para iniciar este trabajo de investigación a través de diversas publicaciones de la época, guardadas en la actualidad en diversos centros locales y del exterior de Menorca.

Sería Venecia, país de navegantes por excelencia, la iniciadora del régimen sanitario marítimo, creado para defenderse de las frecuentes invasiones de la temida peste que le ocasionaba su intenso tráfico comercial con las regiones de Oriente y de berbería. En 1403 construyó el de la isla de Santa María Nazaret, el primero de Europa, al que seguirían otros en Génova y Marsella. Las Illes Balears, primer territorio español, situado entre Oriente y la Península y en medio de las rutas que conducían desde Argelia hasta los puertos franceses mediterráneos, sufrieron repentinamente el azote de las mortíferas epidemias que harían movilizar a sus habitantes en una lucha frenética para evitar la importación de las mismas. Pero, ¿sabemos cuáles eran esas enfermedades? Hagamos un rápido resumen:

LA PESTE
Causada por el bacilo de Yersin, la Pasteurella pestis. Cocobacilo del que se conocían tres variedades cuyo período de incubación estaba fijado en seis días. Entre las ratas la infección pestosa se contagia directamente por canibalismo o indirectamente por medio de las pulgas. Las pulgas al chupar la sangre de un animal infectado, ingieren microorganismos que se multiplican y que, posteriormente, transmiten al hombre. También existen otros roedores que pueden ser portadores de la enfermedad. El hombre podía quedar contagiado por mordedura o por tratamiento (manipulación) de estos animales. La forma más frecuente es la bubónica o ganglionar y la neumónica. Sus síntomas: fiebre, escalofríos, vómitos, mal estado en general, dolores osteo musculares, cefaleas, voz temblorosa, vértigo, conjuntivitis, aspecto de ebrio y sudoración profunda y fétida. Los ganglios más afectados son los inguinales, axilares y cervicales. A veces, en el lugar de la mordedura o picadura se forma una una lesión necrótica, negruzca y dolorosa, transformándose en úlcera. Se trata con antibióticos, sueros, antitérmicos, etc. Su profilaxis pasa por el aislamiento, la limpieza y la desinfección tanto del paciente como de su entorno
“Los enfermos de peste necesitan un riguroso aislamiento y desinfección y, además, si se trata de peste neumónica, habrá que tomar precauciones para evitar el contagio por vía respiratoria a las personas que prestan cuidados a los pacientes así como, en todo caso, hay que precaver la picadura de las pulgas infectadas que pueden transmitir la dolencia.”

EL CÓLERA
Enfermedad infecciosa producida por el Vibrio comma (bacilo vírgula), que tiene una incubación de seis días. Invade los intestinos del contagiado. El medio de propagación son las aguas infectadas y el contacto directo con enfermos. Se halla en las heces y las moscas pueden transportarlo de los excrementos de los enfermos a los sanos. Existen regiones en las cuales la epidemia es constante: Sudeste Asiático, China, Indonesia, Pakistán, etc. Se manifiesta por dolores intestinales, vómitos, sed, etc. Se considera más peligrosa en menores de 50 años de edad que en los mayores. Se trata con baños calientes, sueros y administración de adrenalina. Como prevención, se aconsejaba lavarse correctamente las manos, hervir los alimentos (verduras), beber agua hervida o clorada, desinfectar las ropas, utensilios y demás de los pacientes, etc.
“Los enfermos de cólera necesitan estar rigurosamente aislados, y sus excretas, que contienen los microbios propagadores del mal, deber ser desinfectados en el momento mismo de ser expulsados, para que no puedan contaminar directa o indirectamente las cosas exteriores y singularmente el agua ni los alimentos, que son los vehículos más temibles de propagación del padecimiento“.

LA FIEBRE AMARILLA O TIFUS ICTERODES
También se incuba durante seis días. Es una enfermedad infecciosa y epidémica que en algunos países africanos y americanos es endémica. Es producida por el virus amarillo. Su hábitat son los enfermos y su principal medio de transmisión, la hembra del mosquito del género Aedes Aegipty. Al Lazareto de Mahón se le prohibió recibir enfermos con esta patología por existir aclimatada en la isla la variedad de mosquito apuntada, hecho que se descubriría tras dos epidemias importantísimas ocurridas en su historia. A causa de las toxinas bacterianas la fiebre aumenta las combustiones intraorgánicas debido a perturbar la termorregulación del organismo, que por la respiración cutánea, sudoración y vasodilatación periférica, es mantenida en el cuerpo a una temperatura constante. Son sus síntomas: ictericia (por el que recibe el nombre de amarilla), escalofríos, taquicardia, sequedad de la piel y mucosas, delirio, sed, temperaturas exageradas (hasta 44º C) en cuyo caso el paciente puede morir por destrucción de su tejido nervioso. Se trata con antibióticos, antitérmicos y sulfamidas. Su profilaxis: desinsección con insecticidas para protegerse de las picaduras de los mosquitos, mosquiteros o telas metálicas protegiendo los recintos, etc.
“Los individuos atacados de fiebre amarilla, que como es sabido no es infección que se transmita por los productos patológicos del enfermo, sino por el intermedio de los mosquitos del género ‘Stegomya calopus’, requieren el aislamiento absoluto del individuo y la colocación de éste en condiciones de no poder ser picado por esta determinada clase de mosquitos. Éstos prosperan en las viviendas humanas y cerca de ellas, donde se reproducen incluso en el agua más limpia. La mayoría de los casos de fiebre amarilla se producen en el África subsahariana y en las zonas tropicales de América del Sur.
El virus de la fiebre amarilla infecta con más frecuencia a los humanos y, para evitarlo, hay que cubrir las camas con apropiados mosquiteros y colocar en las puertas y ventanas telas metálicas que impidan en absoluto la entrada en las habitaciones de los referidos ‘stegomyas’. Durante los primeros tres a seis días después de contraer la fiebre amarilla, que es el período de incubación, no se tiene ningún signo o síntoma. Después de este período la infección entra en una fase aguda y luego, en algunos casos, en una fase tóxica que puede ser potencialmente mortal.

Tras esta presentación hablemos, pues, de
LOS LAZARETOS DE MAHÓN

Como se ha citado anteriormente, para construir el Lazareto de Mahón se tuvieron en cuenta los últimos progresos de aquella época después de estudiar los más importantes que existían y se encontraban en funcionamiento en Europa que, según ha sido citado, eran Marsella, Venecia y Génova.

Pero para llegar a toda esta historia, es preciso recordar que ya se llevaban bastantes años en la isla de Menorca recorriendo un largo camino metidos de lleno en esta problemática pues, no en vano, Mahón es el primer puerto de España que se encontraban todos los barcos que venían de traficar con los puertos de Oriente y por aquel entonces existían muchas enfermedades, terribles enfermedades que causaban estragos que acababan incluso con la muerte de quienes las padecían y de las que muy poco se conocía sobre la manera de combatirlas, y mucho menos de erradicarlas. Por ello comenzaban a construirse los denominados “lazaretos”, cuya finalidad era someter tanto a los pasajeros, tripulantes, mercancías y ganados, así como a los propios barcos, a unos severos controles de aislamiento, desinfección y control sanitario para evitar que tales enfermedades procedentes de esos puertos que por tenerlas obtenían la denominación de sucios pudieran entrar y extenderse a países sanos, en donde no existían. Países que, por otro lado, se conocían como limpios. Tales procesos se conocían de aislamiento con el nombre de cuarentenas.

Muchos años antes a que se llevara a cabo la construcción del Lazareto que hoy conocemos habían funcionado otras estaciones sanitarias en el puerto como fueron lo que se llamaba La Consigna (a la altura del actual Muelle de Pasajeros), la Isla de la Cuarentena (en documentación figura el año 1490) e incluso, durante un corto espacio de tiempo, la misma Isla d’en Colom, frente a Es Grau, que funcionó como lazareto provisional, al menos, en un par de ocasiones.

De un informe de fecha 10 de marzo de 1788 se ha podido saber que la Universidad de Mahón recibió un cuestionario sobre la construcción de los antiguos Lazaretos de este puerto referido a durante qué años se edificaron el Lazareto que existió en la isla de la Cuarentena y la casa de la Consigna y Barreda, en el muelle comercial, con qué fondos se llevaron a cabo dichas obras y quién mandaba entonces esta Isla.

El 7 de noviembre de 1788, según informaba el Conde de Romanones a don Antonio de Anuncivay, Comandante General Interino en la Isla de Menorca, el Rey se había servido nombrar para intérprete de esta Isla, su Junta de Sanidad y Lazareto en este Puerto a don Pedro Ramis, con la asignación de 500 (Quinientos) Reales de Vellón mensuales, pagándoselos del fondo que hubiere en la Junta local.

De una información que en el año 1753 hallándose Menorca bajo el mando del Ilustre Gobernador Guillermo Blackeney, y con arreglo a lo dispuesto por S.M. Británica en Consejo el 28 de mayo de 1752, se ordenaba el empleo del producto de Ancoraje para la construcción de un Lazareto y conservación del mismo. La Universidad de Mahón, en virtud de la Resolución tomada por el Ordinario Consejo el 19 de junio de dicho año 1753, hizo llevar a la isla de la Cuarentena trescientas docenas de sillares de marés para llevar a cabo la construcción del Lazareto que se intentaba instalar allí.

Se sabe que en el año 1766 se llevaron a efecto varias reclamaciones por parte de la Universidad contra el Teniente Gobernador Jaime Johnston por haberse apropiado, según parecía, del mencionado producto del Ancoraje. Ínterin de actuarse el proceso, a 5 de junio del mismo año ordenaba dicho Teniente Gobernador la construcción del Lazareto de la isleta, el cual fue concluido el 20 de mayo de 1770. Para cubrir el gasto, la Junta aceptaba prudentemente el hecho de haberse pagado por dicho Gobernador empleando el producto del Ancoraje en conformidad a lo dispuesto por S.M. en la citada Orden de 28 de mayo de 1752.

Por lo que se refiere a la casa de la Consigna, como quiera que fuera construida muchos años antes que el Lazareto de la isleta, no fue posible ya en 1788 encontrar datos o documentos fehacientes que desvelaran la época de su establecimiento, a excepción del Barredo, que existía al lado de la Consigna, que fue construido por parte de las autoridades responsables sobre los años 1784-1785, más o menos, cuyo gasto y el de conservar ambos edificios se pagaba con fondos del citado producto del Ancoraje y para cuyo fin quedaba desde entonces constituido. El mismo cuestionario se interesaba, también, sobre la redacción de unos Reglamentos u Ordenanzas para conseguir el buen gobierno de los mismos. Antes de construirse el Lazareto de la isleta tan sólo existía sobre la misma una pequeña casa para el abrigo de un Guarda. El Morbero de Sanidad -que según las circunstancias tenía por obligación asistir a la isleta de la Cuarentena- y los Guardas destinados para el resguardo de las embarcaciones, no tenían otro abrigo que la misma casa que últimamente ocupaban los guardas destinados para el mismo y resguardo de las embarcaciones en cuarentena.

También interesaba conocer si desde el año 1745 hasta el que se concluyó el primer Lazareto se hacía la cuarentena de Patentes Sospechosas en el Puerto de Fornells. La respuesta sería que como antes y después de concluido el Lazareto de la isleta de la Cuarentena, embarcaciones llegadas a Menorca con patente, no todas ellas llevaron a cabo su expurgo y cuarentena. Algunas lo hicieron en el Puerto de Fornells, y otras en la Isla d’en Colom, en el paraje nombrado Ses Llanes, pero no con patente sucia.

LA CONSIGNA
La más primitiva y rudimentaria Estación de Sanidad que tuvo el puerto de Mahón es lo que se conoció como la Consigna. En ella se examinaban las patentes, se reconocían los equipajes y, de no encontrar inconveniencias, se daba la libre plática (certificado que avalaba el buen estado de salud de los buques, tripulaciones y pasajeros, así como mercancías, para poder navegar y acceder libremente a los restantes puertos reconocidos como sanos) a los buques inspeccionados. Cuando tenían a bordo géneros sospechosos, se les ordenaba fondear en la Cala de Sant Jordi y se descargaban dichos géneros en la Isla de la Cuarentena. A partir del año 1490 comenzó a utilizarse para quemar las ropas u otros tejidos de los pasajeros llegados a puerto y que presentaban enfermedades contagiosas o que fueren sospechosos de portarlas. Durante la segunda dominación británica (más o menos por el 1771) se construyeron varios edificios (hoy desaparecidos), debidamente protegidos mediante rejas para confiscar las mercancías en su interior. 14 años después se construyó otro edificio para alojar a los pasajeros enfermos al cual se le añadiría, más adelante, otro más.

La Consigna del puerto de Mahón estaba constituida por una casa situada muy cerca del lugar donde actualmente se ubica el Muelle de Pasajeros, en el andén de Levante, en donde se interrogaba a los capitanes de los barcos visitantes y por un locutorio formado por una extensa línea de dobles paredes, con los correspondientes rastrillos se proveía a los barcos de víveres y de todo lo que fuere menester. Durante la dominación británica fue mejorada aquella casa que, sin embargo, sería demolida en la época del destronamiento de S. M. la Reina Doña Isabel II. El personal se instaló, entonces, en uno de los almacenes particulares inmediatos. En 1879 fue nuevamente reconstruida, alojándose en ella las Oficinas de Sanidad y la Capitanía del Puerto.

LA ISLA DE LA CUARENTENA
Utiliza este apelativo desde el año 1490, en que fue destinada como lugar para realizar expurgos de géneros e incineración de ropajes de pasajeros y tripulantes de buques infectados por las enfermedades clasificadas como pestilenciales. Hasta entonces se la había conocido como la Isleta. Cercana a la (en sus tiempos) península de Sant Felipet, frente a la población de Villa-Carlos, tenía en su vertiente N. la Cala de Sant Jordi en donde solían fondearse todos los buques cuarentenarios. Pero como se ha dicho previamente, hasta 1771 no existía edificación alguna. Fue con el producto del impuesto sobre el Ancoraje que se dictó para con los buques extranjeros, que se construyeron los edificios destinados a confiscar las mercancías sospechosas para su oreo. En principio fueron 10 almacenes enrejados a los que en 1785 se le añadieron habitaciones para pasajeros. Posteriormente se construyó otro edificio que albergaba almacenes de gran capacidad, otra casa de dos plantas, dos cisternas y un pozo. Un muelle rodeaba toda la isla si bien, en 1917, ya estaba prácticamente destruido. Los edificios también estaban en muy mal estado de conservación y, el único que se conservaba en condiciones, era un varadero cubierto destinado a albergar la embarcación desinfectadora; el resto ya había finalizado su etapa de utilidad. Por poner un ejemplo, desde 1814 hasta el 1º de septiembre de 1817, tuvieron entrada en ella 630 barcos con 7.307 tripulantes y 2.062 pasajeros.

LA ISLA D’EN COLOM
Tras un acuerdo entre España y Argelia, no sin haber promediado numerosas y laboriosas gestiones, a mediados de 1785, fueron excarcelados muchos cautivos españoles. Embarcados en la urca Real Redentora, en el bergantín Monte Carmelo y en el jabeque Nuestra Señora de la Soledad, llegaron hasta Alicante, puerto en el que no fueron autorizados a desembarcar por provenir de un país declarado apestado, ordenándose que pusieran rumbo a Mahón para pasar cuarentena. La urca Real Redentora, al mando del capitán mahonés don Bartolomé Escudero, llegó al puerto de Mahón el día 3 de abril de 1787, llevando a bordo 268 esclavos. El bergantín con su patrón don Andrés Escudero y el jabeque con el suyo, don Antonio Socías, el día 7 del mismo mes. Estos dos portaban más de 90 esclavos que, en los libros de La Consigna no figurarían como pasajeros, sino como carga de esclaus (carga de esclavos). Como quiera que la Isla de la Cuarentena resultara insuficiente para acoger a tanta gente, fueron desviados hacia la Isla d’en Colom, de 12 kilómetros de contorno, situada en la costa NE. de Menorca, frente a Es Grau.

Al parecer, solamente fallecieron 2 individuos, uno de tuberculosis y el otro de peste bubónica. Estos enfermos habían llegado ya muy graves, falleciendo a los dos días del desembarco. Encontrándose los pasajeros y tripulantes que habían guardado cuarentena tan pletóricos de salud, se dice que dejaron en ella una lápida con la siguiente leyenda: “Isla de la salud“. Este suceso y el incremento de las relaciones mercantiles entre España y Turquía y países de Levante, reveló la necesidad de acometer la construcción de un gran lazareto en el puerto de Mahón. Unos años después volvía a rehabilitarse como lazareto provisional para atender otro buque con la misma procedencia de los anteriores.

EL LAZARETO QUE HA LLEGADO A NUESTROS DÍAS
Originariamente península de Sant Felipet este enclave constituía un apéndice de la ribera norte del puerto de Mahón, teniendo por levante la pequeña ensenada que permitía el fondeo de buques de poco calado llamada Cala Teulera o Puerto del Lazareto y, por poniente, otra cala denominada Sant Jordi. Esta península (hoy isla) tiene unos 1.240 metros de longitud por unos 380 metros de anchura media. Su terreno fue tasado en el año 1787 en 9.018 libras, para cuyo pago, realizado con el fin de dar inicio a las obras de construcción del Gran Lazareto de Mahón, giró el Gobierno del Monarca Carlos III, bajo la inspiración del Conde de Floridablanca, la cantidad de 300.000 pesos de a ocho, procedentes de los fondos de la Santa Cruzada. Los trabajos no comenzaron, sin embargo, hasta que con motivo de la peste de Argelia se dispuso su inicio inmediato. Hoy por hoy, se la conoce popularmente (y oficialmente aceptado, por su nomenclatura en cartas y mapas) por el nombre de Isla del Lazareto, en detrimento de su originario, tanto en su época de península como de isla, una vez realizada la construcción del canal de Alfonso XIII (o de Sant Jordi), por el Cuerpo de Ingenieros Militares: Isla de Sant Felipet.

Hasta aquí esta introducción al tema del Lazareto. Para una mejor y más completa información, puede descargarse libremente la obra "Los Lazaretos del Puerto de Mahón" en la sección Biblioteca Marítima Menorquina, de 490 páginas y numerosas ilustraciones
